Buscamos ríos para hacer sedas pero bajaban casi secos.
Así que tuvimos que conformarnos con algunas telas de araña.
Y aprovechar los rayos de sol que se colaban entre las ramas para buscar fuertes contrastes.
Fue una ruta muy recomendable y fácil de hacer, casi 12km. Pero sin grandes pendientes.
A medía tarde bajamos a Haro, el pueblo donde los bares cierran hasta ya avanzada la tarde, dimos una vuelta por sus calles y visitamos su iglesia donde pudimos disfrutar de la música de su órgano.
El atardecer lo hicimos en Briones, acompañados de un desagradable viento.
Una vuelta por Briones antes de la cena... una parrillada en el txoko, donde nos pusimos hasta las orejas de comida gracias a Mikel y sus amigos que hicieron de cocineros.
Mañana más.