http://elpais.com/elpais/2014/07/18/ico ... 50616.html
Los sociólogos y gurús ha elevado el selfie a la categoría de metáfora de nuestros tiempos. Son un síntoma de la sociedad narcisista y solitaria en la que vivimos; una signo del exhibicionismo que abrazamos a través de las redes sociales; la marca de satán. Pero el selfie también satisface el deseo de controlar la percepción que se tiene de nosotros en el éter digital y, por ende, en el mundo. Nadie mejor que uno mismo para saber qué luz le sienta mejor, colocar el móvil en el ángulo que más le afina la cara (generalmente un contrapicado anatómicamente imposible), inclinar ligeramente el mentón, girar la cara a la derecha o izquierda 37º, mirar hacia abajo, abrir medio centímetro los labios y repetir este ejercicio de contorsionismo facial 29 veces hasta conseguir captar la mejor versión de nosotros mismos.
Lo suyo es contar con un profesional que muestre lo mejor de ti… menuda novedad…...Y aquí viene, precisamente, el siguiente nivel que el universo del selfie ha alcanzado: contratar a un profesional para que nos haga un retrato cercano pero que transmita todos los valores que nos gustaría que se asociasen con nosotros. Porque solo hay una persona que nos sacaría más guapos que nosotros mismos: alguien que vive de sacar a la gente guapa.
“Las redes sociales nos han convertido en seres que se alimentan de la aprobación. Mis clientes dicen que su autoestima mejora en cuanto cuelgan uno de nuestros retratos y al segundo tienen cien comentarios del tipo ‘Pareces una supermodelo’ ¿Quién no quiere eso?
